Son las 10:50 horas y desde la dirección de la Escuela Primaria Ford 74, ubicada en el 16 Oaxaca, el recreo en el patio transcurre de manera “normal”, risas, niños corriendo y mucha algarabía.
De pronto, las risas y euforia se convierten en llanto cuando dos pequeñas de primer grado entran a la dirección y entre sollozos alcanzan a decir que “unos niños grandes les pegaron”.
Las dos niñas esperan a que la maestra Juana Amaro Gutiérrez, que se encuentra con otros maestros almorzando en un salón contiguo, las atienda.
“Vamos a esperar a la directora, ahorita que salga yo le digo que vi cómo te pegaron esos niños”, dice una de las alumnas.
Al cabo de un par de minutos, las niñas optan por salir, sus lágrimas se han contenido y parecen menos nerviosas de cuando entraron.
A las 10:54 entran dos alumnos más, ambos se tocan a un costado del torso, a la altura de las costillas, ellos no lloran pero se quejan de dolor por los golpes que los niños de quinto C les propinaron.
Entran y se sientan en los sofás de espera, sin embargo, al cabo de unos minutos, y de observar que la directora se percató de su presencia pero continuó con su almuerzo, optan por salir.
Cerca de las 11:00 horas, antes de que sonara el timbre para anunciar el fin del recreo, tres niños más entran a la dirección, son dos niños y una niña.
El primero, un niño de escasos 9 o 10 años, tiene el ojo derecho completamente cerrado, dice que lo golpearon con un bote y no puede abrir el ojo, no para de llorar.
A su lado, la niña se queja de un ‘descalabro’ y se toca la nuca, justo atrás del oído derecho, ella también llora mucho.
Asimismo, se encuentra otro niño que se queja mucho de dolor en la costilla derecha, él no llora, sólo hace muecas de dolor.
Hasta pasadas las 11:00 de la mañana, una de las secretarias que funge igual como administrativa que como enfermera, les pregunta a los niños qué tienen.
“Los niños grandes nos pegaron, son lo de quinto C, a mi me pegaron con un bote, a ella la descalabraron y a él lo tiraron al piso y entre todos lo agarraron a patadas”, explica el niño que no dejaba de llorar.
La secretaria toma una servilleta con alcohol y empieza a limpiarlos, en tanto, otra maestra se queja de los niños de quinto C: “son los mismos que desde la hora de entrada están molestando a los más pequeños”.
Diez minutos en la dirección de la Escuela Primaria Ford 74 durante la hora del recreo bastaron para saber que el “bullying” o acoso escolar está en las escuelas de Tamaulipas.
De acuerdo al reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en México el 40 por ciento de la población estudiantil de educación primaria y secundaria sufren acoso escolar o “bullying” que no es más que el maltrato físico y/o psicológico que se genera en las escuelas.
En entidades como el Distrito Federal, debido a la gravedad del problema, se plantea legislar para considerar este fenómeno como un problema de salud pública, pues en el peor de los escenarios, los estudiantes acosados han llegado hasta el suicidio.
En Ciudad Victoria, la primaria Ford 74 es contemplada dentro del Programa Escuelas de Calidad, sin embargo, eso no la exime de la violencia estudiantil y en todo caso de la apatía de los mentores que en ella laboran para atender la problemática.
De acuerdo a la versión de los padres de familia, que optaron por el anonimato, el “bullying” es sólo una de las consecuencia de haber relajado la disciplina en la escuela, por ello es que algunas mamás y papás optan por quedarse en el portón para vigilar ellos mismos a sus hijos.
(Redactó Daisy Verónica Herrera).